sábado, 31 de mayo de 2025

EL BESO (VIII)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 8:

El último beso fue mudo. No hubo luz. Ni tacto. Solo dos superficies que se reconocieron por última vez antes de mutar en otra cosa. Él llevaba lunas flotando bajo la piel. Yo ya no tenía nombre. Solo un impulso: acercarme. Tocar. Fundirme. No por amor. Ni por deseo. Por hambre de origen. Nos besamos como quien vuelve al sitio donde empezó todo, sabiendo que no habrá regreso. Luego vino el silencio, y con él, la forma nueva.

©Nitrofoska

EL BESO (VIII)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 8:

El último beso fue mudo. No hubo luz. Ni tacto. Solo dos superficies que se reconocieron por última vez antes de mutar en otra cosa. Él llevaba lunas flotando bajo la piel. Yo ya no tenía nombre. Solo un impulso: acercarme. Tocar. Fundirme. No por amor. Ni por deseo. Por hambre de origen. Nos besamos como quien vuelve al sitio donde empezó todo, sabiendo que no habrá regreso. Luego vino el silencio, y con él, la forma nueva.

©Nitrofoska

viernes, 30 de mayo de 2025

EL BESO (VII)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 7:

No sé cuánto tiempo pasó. A veces pienso que nunca nos separamos, que seguimos ahí, detenidos, girando dentro de una membrana líquida. Él me hablaba sin abrir la boca. Yo respondía moviendo la sangre en otra dirección. Éramos forma y contenido al mismo tiempo. Nadie más entró. Nadie más podría. No por exclusión, sino por imposibilidad: habíamos convertido el espacio entre los labios en un mundo sin puertas.

©Nitrofoska

EL BESO (VII)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 7:

No sé cuánto tiempo pasó. A veces pienso que nunca nos separamos, que seguimos ahí, detenidos, girando dentro de una membrana líquida. Él me hablaba sin abrir la boca. Yo respondía moviendo la sangre en otra dirección. Éramos forma y contenido al mismo tiempo. Nadie más entró. Nadie más podría. No por exclusión, sino por imposibilidad: habíamos convertido el espacio entre los labios en un mundo sin puertas.

©Nitrofoska

jueves, 29 de mayo de 2025

NITROFOSKA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2025

Hola, habitantes. Hoy hace un año que presenté mi libro ¡HAZ ALGO! en el café María Pandora de las Vistillas. Una muy bonita fiesta.

Pues bien, este año lo presento en la Feria del Libro de Madrid. El jueves día 5 de junio en la caseta 112, fuerza nuclear estable a cargo de librería y ediciones Miraguano. De 18:30 a 21h.

¡VenirRse!!

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Todas las fotos del evento del año pasado en este ENLACE

NITROFOSKA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2025

Hola, habitantes. Hoy hace un año que presenté mi libro ¡HAZ ALGO! en el café María Pandora de las Vistillas. Una muy bonita fiesta.

Pues bien, este año lo presento en la Feria del Libro de Madrid. El jueves día 5 de junio en la caseta 112, fuerza nuclear estable a cargo de librería y ediciones Miraguano. De 18:30 a 21h.

¡VenirRse!!

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Todas las fotos del evento del año pasado en este ENLACE

miércoles, 28 de mayo de 2025

LA CARA OCULTA

Hola, habitantes. Para celebrar el 2º aniversario de mi libro Radical indefinido, hoy os traigo La cara oculta, uno de sus cuentos.

Que ustedes lo disfruten. 

LA CARA OCULTA
©Nitrofoska

Dice mi padre que los chinos han llegado a la cara oculta. Pero no creo que sea verdad, mi padre inventa mucho. Por darse importancia. O por hablar de algo, no sé, el caso es que no para de inventar. Dice mi padre que los chinos van a montar fábricas de armamento ahí, en la cara oculta. No armamento convencional, bombas, misiles ni nada de eso, sino armas digitales, emocionales por decirlo así, armas con las que podrán alterar nuestra voluntad, diseñar nuestra imaginación y manipular nuestros deseos. De forma que pronto algunos artistas, como Luis Miguel o Brad Pitt querrán ser amarillos en lugar de blancos, como Michael Jackson pero a lo chino. Va a ser un guirigay de colores, dice mi padre.

Creo que mi padre dice lo de la cara oculta porque quiere hablar de cosas que nunca se tratan en la familia, acontecimientos que han permanecido ocultos desde siempre, molestos incidentes a los que mi madre se refiere en voz baja y entornando los ojos, como si hablase de un difunto cuyo cadáver, aún caliente, estuviera presente entre nosotros.

Es por eso que mi padre dice que los chinos han llegado a la cara oculta de la luna, porque en mi familia nunca se ha hablado de ciertas cosas. De la ciencia y eso sí, de los avances de la ciencia me refiero, de los planetas y las galaxias, de los microbios y los virus y la física cuántica y los números primos. Pero cuando mi hermana Lucía quedó embarazada con doce años nadie dijo nada. Ella solía dormir la siesta en el regazo de mi abuelo, pero yo en ningún momento escuché un solo comentario de desaprobación o de disgusto cuando se supo que estaba embarazada, es más, tanto mi hermana Lucía como mi abuelo siguieron cenando cada noche en el comedor con la familia. Dos semanas más tarde mi hermana se ausentó por un par de días y al regresar ya no estaba embarazada. Por eso digo lo de la cara oculta.

Dice mi padre que los chinos quieren hacer una copia de la luna, que para eso han ido hasta allí, para clonar la luna en la tierra. No sé dónde la van a meter, me parece que es un poco grande, pero cualquiera le dice eso a mi padre. Es que mi padre tiene una percepción bastante particular de los tamaños y las distancias. Recuerdo un día en que al ir a aparcar el coche en el garaje, la puerta batiente quedó a media asta, bloqueando la entrada. Mi padre decía que el coche pasaba con holgura. Mi madre le dijo: «Pero ¡qué dices!, no entras ni en broma», y eso fue lo que le espoleó definitivamente. Mi padre metió la primera y así, despacito, fue hacia el batiente entornado del garaje. Se veía de lejos que se lo iba a tragar, pero él siguió adelante, imperturbable, con velocidad constante hasta que la puerta de metal del garaje se incrustó en la luna delantera del coche. Claro que antes del choque, mi madre y yo ya habíamos saltado. Mi hermana Lucía no, se quedó en el asiento de atrás, quieta en un rincón con la mirada fija en ninguna parte. Mi madre gritaba despavorida y repetía: «¡Estás loco, estás loco!». Mi padre, por su parte, se agachó en su asiento para que el portón de metal no le rebanara la cabeza y siguió apretando el acelerador. La chapa del coche chirriaba, las ruedas giraban frenéticas en el aire, el motor rugía por el esfuerzo. La puerta del garaje quedó bien hundida en el coche. La luna desapareció, hecha añicos. Esa noche cenamos en silencio en la cara oculta.

Imagen: Nitrofoska
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Lo de mi abuelo y mi hermana Lucía fue algo serio, trajo cola. Recuerdo una noche en la que mi madre estaba cocinando una pieza de carne que le había traído el vecino del tercero, el tuerto, el que trabaja en el mercado mayorista. A mi madre le gusta cocinar por la noche. Cuando todos están en sus respectivos dormitorios ella se atrinchera en la cocina y enciende un programa de radio en el que los oyentes de Ciudad Humanoide telefonean y charlan sobre sus inquietudes con la locutora, que tiene una voz susurrante, hipnótica, cautivadora. Yo suelo hacer como que no consigo dormir y me voy a la cocina para que mi madre me prepare una infusión de tila y así poder escuchar la voz de esa hermosa locutora. Aquella noche me senté junto a la radio mientras mi madre me preparaba la infusión. Entonces entró mi abuelo. Le dijo algo a mi madre, no sé muy bien el qué, porque yo estaba pendiente de mi locutora, pero a mi madre no debió gustarle lo que decía mi abuelo, porque agarró un enorme cuchillo con el que estaba despiezando el buey y se lo puso en el cuello. Después de esto mi abuelo se fue una temporada de casa. Bueno, en realidad no lo he vuelto a ver desde entonces. Mi padre dice que se ha ido a la cara oculta de la luna con los chinos. Se pone a bromear para no tener que hablar sobre el tema en la mesa, pero se ve que no le hace ninguna gracia, que está molesto.

Dice mi padre que La cara oculta de la luna es un disco que él escuchó muchísimo en su juventud. Debe tratarse de un grupo punk, porque mi padre es un poco punk, según dice hasta cantó en alguna banda en sus años mozos. Punk Floid creo que se llaman los de la cara oculta. Un nombre un poco ridículo, pero bueno, gustándole a mi padre se entiende.

El caso es que de tanto escucharlo, dice mi padre que se le gastaron los surcos, porque mi padre escuchaba la música en discos de vinilo, de esos grandes, enormes, que hace falta destinar una habitación solo para almacenarlos.

Dice mi padre que llegó un momento en que el disco estaba tan gastado, se escuchaba tan mal, que decidió hacer una escultura con él. Al parecer calentó el vinilo a la llama de un infiernillo de alcohol con la intención de doblarlo y así poder modelar su forma y transformarlo a capricho en un cohete interestelar listo para surcar el cosmos, o bien en el frágil cuello de un cisne que asomara a través de un oscuro estanque, cualquier cosa con tal de no volver a escuchar esa música ya gastada, desafinada, destripada y rayada con obstinación e insistencia, esa música proveniente de la cara oculta.

Lo cierto es que más tarde yo escuché ese disco y no está del todo mal, tonadillas de psicodelia hippy. Pero a lo que iba, a mi padre le gustó tanto la escultura que había hecho con La cara oculta de la luna que se lio a quemar y moldear toda la colección de vinilos de su hermano Tolo. Llegó a transformar la lisa superficie de los discos en paisajes lunares, en dragones enfurecidos, en suaves amapolas, autopistas de peaje, locomotoras a vapor, tímidos jilgueros, pirañas voraces, guitarras eléctricas, sensuales bailarinas y cofres del tesoro.

Mi padre pasó varias semanas entregado al arte de modelar el vinilo, no solo La cara oculta de la luna, sino muchos otros títulos que no recuerdo. Mi tío Tolo sí los recuerda, uno por uno, y años después aún es capaz de recitar su colección completa de discos de vinilo de memoria. Los enumera entonando melodías enfermas, porque cuando mi tío Tolo volvió del viaje a Katmandú, se encontró con que su fabulosa colección de vinilos se había convertido en una delirante montonera de arte abstracto. Pasó varios días en la habitación de los discos, sentado en posición de loto en el suelo, mirando ese mar de plástico quemado, olfateando ese aire que aún guardaba intacto el persistente olor del acetileno, observando ese techo grasiento y repugnante, ennegrecido por el humo del vinilo. Creo que en esa habitación, a mi tío Tolo se le desvaneció de un plumazo el budismo que había practicado e interiorizado en sus seis meses en el Nepal, porque un buen día, tras pasar la tarde entera en su cementerio de discos, fue a la habitación de mi padre y sin decir palabra lo sacó de la cama en pelotas, lo amordazó y lo ató a una silla de ruedas que había en el salón, cogió las esculturas de vinilo y empezó a fundirlas y a pegarlas sobre la piel desnuda de mi padre, poco a poco, una a una, mientras este suplicaba bajo las cuatro o cinco vueltas de cinta americana que tapaban su boca. Mi tío Tolo fue colocando sobre su hermano todas y cada una de las esculturas musicales que poblaban su habitación, de forma que cuando terminó, ya al amanecer, mi padre había desaparecido bajo un ingente montón de artístico vinilo moldeado. Entonces mi tío Tolo abrió la puerta de casa y empujó a su hermano, atado a la silla, escaleras abajo. Esto sucedió en septiembre, el último día del verano. Lo recuerdo bien porque al día siguiente mi madre iba a cocinar un cocido completo, decía que el cocido no era para comer en verano.

Aquel otoño empezó estupendo, el cocido estaba delicioso, suculento, la verdad es que mi madre cocina genial. Mi padre pasó algunos días en el hospital por las quemaduras y por los tremendos golpes que se pegó en su vertiginoso descenso de las escaleras. Mi tío Tolo volvió a Katmandú a seguir practicando el budismo. Yo no entiendo mucho de eso, pero en mi opinión necesita seguir entrenando, se altera con mucha facilidad. Mi padre no ha vuelto a tocar el infiernillo de alcohol, aunque tiempo después se descargó La cara oculta de la luna y de vez en cuando la escucha mientras repara el coche… o la nave interplanetaria, como dice él.

Dice mi padre que en la película Blade Runner, Deckar, el cazador, también es un replicante, igual que Roy, Rachel y los otros. Vamos, que para mi padre todo el mundo es un replicante menos él. Hasta nosotros, sus propios hijos, somo replicantes, según él. Esto le permite ignorarnos casi por completo, porque según mi padre los replicantes estamos programados y no tenemos libre albedrío. Según mi padre el único que tiene libre albedrío es él. Mayormente durante el día, porque por las noches, después de haberse trincado dos botellas de vino y siete whiskys ni él mismo se cree que tenga ni albedrío ni nada. Pobre. Es un poco patán, pero yo lo quiero mucho. Es el único que habla de la cara oculta y de replicantes. A veces, cuando está muy muy borracho habla de la carne de buey y del abuelo. Es entonces cuando a mi madre le centellea de un modo extraño la mirada. Nunca antes le había visto un brillo así, sulfuroso, fulgurante. Y entonces acaricia a Lucía en el muslo. Igual es que mi madre es de verdad una replicante, como dice mi padre. Lo sea o no, lo cierto es que cocina muy bien, sobre todo la carne de buey que le trae el tuerto. Me gusta ir por las noches a que me prepare una tila en la cocina. Y escuchar a mi locutora en la cara oculta.

© Max Nitrofoska

24 relatos más en mi libro RADICAL INDEFINIDO. Puedes comprarlo AQUÍ 

LA CARA OCULTA

Hola, habitantes. Para celebrar el 2º aniversario de mi libro Radical indefinido, hoy os traigo La cara oculta, uno de sus cuentos.

Que ustedes lo disfruten. 

LA CARA OCULTA
©Nitrofoska

Dice mi padre que los chinos han llegado a la cara oculta. Pero no creo que sea verdad, mi padre inventa mucho. Por darse importancia. O por hablar de algo, no sé, el caso es que no para de inventar. Dice mi padre que los chinos van a montar fábricas de armamento ahí, en la cara oculta. No armamento convencional, bombas, misiles ni nada de eso, sino armas digitales, emocionales por decirlo así, armas con las que podrán alterar nuestra voluntad, diseñar nuestra imaginación y manipular nuestros deseos. De forma que pronto algunos artistas, como Luis Miguel o Brad Pitt querrán ser amarillos en lugar de blancos, como Michael Jackson pero a lo chino. Va a ser un guirigay de colores, dice mi padre.

Creo que mi padre dice lo de la cara oculta porque quiere hablar de cosas que nunca se tratan en la familia, acontecimientos que han permanecido ocultos desde siempre, molestos incidentes a los que mi madre se refiere en voz baja y entornando los ojos, como si hablase de un difunto cuyo cadáver, aún caliente, estuviera presente entre nosotros.

Es por eso que mi padre dice que los chinos han llegado a la cara oculta de la luna, porque en mi familia nunca se ha hablado de ciertas cosas. De la ciencia y eso sí, de los avances de la ciencia me refiero, de los planetas y las galaxias, de los microbios y los virus y la física cuántica y los números primos. Pero cuando mi hermana Lucía quedó embarazada con doce años nadie dijo nada. Ella solía dormir la siesta en el regazo de mi abuelo, pero yo en ningún momento escuché un solo comentario de desaprobación o de disgusto cuando se supo que estaba embarazada, es más, tanto mi hermana Lucía como mi abuelo siguieron cenando cada noche en el comedor con la familia. Dos semanas más tarde mi hermana se ausentó por un par de días y al regresar ya no estaba embarazada. Por eso digo lo de la cara oculta.

Dice mi padre que los chinos quieren hacer una copia de la luna, que para eso han ido hasta allí, para clonar la luna en la tierra. No sé dónde la van a meter, me parece que es un poco grande, pero cualquiera le dice eso a mi padre. Es que mi padre tiene una percepción bastante particular de los tamaños y las distancias. Recuerdo un día en que al ir a aparcar el coche en el garaje, la puerta batiente quedó a media asta, bloqueando la entrada. Mi padre decía que el coche pasaba con holgura. Mi madre le dijo: «Pero ¡qué dices!, no entras ni en broma», y eso fue lo que le espoleó definitivamente. Mi padre metió la primera y así, despacito, fue hacia el batiente entornado del garaje. Se veía de lejos que se lo iba a tragar, pero él siguió adelante, imperturbable, con velocidad constante hasta que la puerta de metal del garaje se incrustó en la luna delantera del coche. Claro que antes del choque, mi madre y yo ya habíamos saltado. Mi hermana Lucía no, se quedó en el asiento de atrás, quieta en un rincón con la mirada fija en ninguna parte. Mi madre gritaba despavorida y repetía: «¡Estás loco, estás loco!». Mi padre, por su parte, se agachó en su asiento para que el portón de metal no le rebanara la cabeza y siguió apretando el acelerador. La chapa del coche chirriaba, las ruedas giraban frenéticas en el aire, el motor rugía por el esfuerzo. La puerta del garaje quedó bien hundida en el coche. La luna desapareció, hecha añicos. Esa noche cenamos en silencio en la cara oculta.

Imagen: Nitrofoska
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Lo de mi abuelo y mi hermana Lucía fue algo serio, trajo cola. Recuerdo una noche en la que mi madre estaba cocinando una pieza de carne que le había traído el vecino del tercero, el tuerto, el que trabaja en el mercado mayorista. A mi madre le gusta cocinar por la noche. Cuando todos están en sus respectivos dormitorios ella se atrinchera en la cocina y enciende un programa de radio en el que los oyentes de Ciudad Humanoide telefonean y charlan sobre sus inquietudes con la locutora, que tiene una voz susurrante, hipnótica, cautivadora. Yo suelo hacer como que no consigo dormir y me voy a la cocina para que mi madre me prepare una infusión de tila y así poder escuchar la voz de esa hermosa locutora. Aquella noche me senté junto a la radio mientras mi madre me preparaba la infusión. Entonces entró mi abuelo. Le dijo algo a mi madre, no sé muy bien el qué, porque yo estaba pendiente de mi locutora, pero a mi madre no debió gustarle lo que decía mi abuelo, porque agarró un enorme cuchillo con el que estaba despiezando el buey y se lo puso en el cuello. Después de esto mi abuelo se fue una temporada de casa. Bueno, en realidad no lo he vuelto a ver desde entonces. Mi padre dice que se ha ido a la cara oculta de la luna con los chinos. Se pone a bromear para no tener que hablar sobre el tema en la mesa, pero se ve que no le hace ninguna gracia, que está molesto.

Dice mi padre que La cara oculta de la luna es un disco que él escuchó muchísimo en su juventud. Debe tratarse de un grupo punk, porque mi padre es un poco punk, según dice hasta cantó en alguna banda en sus años mozos. Punk Floid creo que se llaman los de la cara oculta. Un nombre un poco ridículo, pero bueno, gustándole a mi padre se entiende.

El caso es que de tanto escucharlo, dice mi padre que se le gastaron los surcos, porque mi padre escuchaba la música en discos de vinilo, de esos grandes, enormes, que hace falta destinar una habitación solo para almacenarlos.

Dice mi padre que llegó un momento en que el disco estaba tan gastado, se escuchaba tan mal, que decidió hacer una escultura con él. Al parecer calentó el vinilo a la llama de un infiernillo de alcohol con la intención de doblarlo y así poder modelar su forma y transformarlo a capricho en un cohete interestelar listo para surcar el cosmos, o bien en el frágil cuello de un cisne que asomara a través de un oscuro estanque, cualquier cosa con tal de no volver a escuchar esa música ya gastada, desafinada, destripada y rayada con obstinación e insistencia, esa música proveniente de la cara oculta.

Lo cierto es que más tarde yo escuché ese disco y no está del todo mal, tonadillas de psicodelia hippy. Pero a lo que iba, a mi padre le gustó tanto la escultura que había hecho con La cara oculta de la luna que se lio a quemar y moldear toda la colección de vinilos de su hermano Tolo. Llegó a transformar la lisa superficie de los discos en paisajes lunares, en dragones enfurecidos, en suaves amapolas, autopistas de peaje, locomotoras a vapor, tímidos jilgueros, pirañas voraces, guitarras eléctricas, sensuales bailarinas y cofres del tesoro.

Mi padre pasó varias semanas entregado al arte de modelar el vinilo, no solo La cara oculta de la luna, sino muchos otros títulos que no recuerdo. Mi tío Tolo sí los recuerda, uno por uno, y años después aún es capaz de recitar su colección completa de discos de vinilo de memoria. Los enumera entonando melodías enfermas, porque cuando mi tío Tolo volvió del viaje a Katmandú, se encontró con que su fabulosa colección de vinilos se había convertido en una delirante montonera de arte abstracto. Pasó varios días en la habitación de los discos, sentado en posición de loto en el suelo, mirando ese mar de plástico quemado, olfateando ese aire que aún guardaba intacto el persistente olor del acetileno, observando ese techo grasiento y repugnante, ennegrecido por el humo del vinilo. Creo que en esa habitación, a mi tío Tolo se le desvaneció de un plumazo el budismo que había practicado e interiorizado en sus seis meses en el Nepal, porque un buen día, tras pasar la tarde entera en su cementerio de discos, fue a la habitación de mi padre y sin decir palabra lo sacó de la cama en pelotas, lo amordazó y lo ató a una silla de ruedas que había en el salón, cogió las esculturas de vinilo y empezó a fundirlas y a pegarlas sobre la piel desnuda de mi padre, poco a poco, una a una, mientras este suplicaba bajo las cuatro o cinco vueltas de cinta americana que tapaban su boca. Mi tío Tolo fue colocando sobre su hermano todas y cada una de las esculturas musicales que poblaban su habitación, de forma que cuando terminó, ya al amanecer, mi padre había desaparecido bajo un ingente montón de artístico vinilo moldeado. Entonces mi tío Tolo abrió la puerta de casa y empujó a su hermano, atado a la silla, escaleras abajo. Esto sucedió en septiembre, el último día del verano. Lo recuerdo bien porque al día siguiente mi madre iba a cocinar un cocido completo, decía que el cocido no era para comer en verano.

Aquel otoño empezó estupendo, el cocido estaba delicioso, suculento, la verdad es que mi madre cocina genial. Mi padre pasó algunos días en el hospital por las quemaduras y por los tremendos golpes que se pegó en su vertiginoso descenso de las escaleras. Mi tío Tolo volvió a Katmandú a seguir practicando el budismo. Yo no entiendo mucho de eso, pero en mi opinión necesita seguir entrenando, se altera con mucha facilidad. Mi padre no ha vuelto a tocar el infiernillo de alcohol, aunque tiempo después se descargó La cara oculta de la luna y de vez en cuando la escucha mientras repara el coche… o la nave interplanetaria, como dice él.

Dice mi padre que en la película Blade Runner, Deckar, el cazador, también es un replicante, igual que Roy, Rachel y los otros. Vamos, que para mi padre todo el mundo es un replicante menos él. Hasta nosotros, sus propios hijos, somo replicantes, según él. Esto le permite ignorarnos casi por completo, porque según mi padre los replicantes estamos programados y no tenemos libre albedrío. Según mi padre el único que tiene libre albedrío es él. Mayormente durante el día, porque por las noches, después de haberse trincado dos botellas de vino y siete whiskys ni él mismo se cree que tenga ni albedrío ni nada. Pobre. Es un poco patán, pero yo lo quiero mucho. Es el único que habla de la cara oculta y de replicantes. A veces, cuando está muy muy borracho habla de la carne de buey y del abuelo. Es entonces cuando a mi madre le centellea de un modo extraño la mirada. Nunca antes le había visto un brillo así, sulfuroso, fulgurante. Y entonces acaricia a Lucía en el muslo. Igual es que mi madre es de verdad una replicante, como dice mi padre. Lo sea o no, lo cierto es que cocina muy bien, sobre todo la carne de buey que le trae el tuerto. Me gusta ir por las noches a que me prepare una tila en la cocina. Y escuchar a mi locutora en la cara oculta.

© Max Nitrofoska

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LOS CIMIENTOS DEL "RESORT"

Foto: Anas al-Shareef / REUTERS
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LOS CIMIENTOS DEL "RESORT"

Foto: Anas al-Shareef / REUTERS
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martes, 27 de mayo de 2025

HALLAZGO

Hola, habitantes. Entre los infinitos pliegues del tiempo hoy me he encontrado una foto perdida del pasado 25E. En realidad no me había llegado. Estaba ahí, a un paso, atascada en memorias tubulares.

Por fortuna, un certero empujón del autor y organismo fotosensor Muaré, la ha puesto en pie. Aquí se la traigo a ustedes. Junto a mi amigo e ilustre fotógrafo Martín Sampedro.

Foto: Daniel Muaré
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HALLAZGO

Hola, habitantes. Entre los infinitos pliegues del tiempo hoy me he encontrado una foto perdida del pasado 25E. En realidad no me había llegado. Estaba ahí, a un paso, atascada en memorias tubulares.

Por fortuna, un certero empujón del autor y organismo fotosensor Muaré, la ha puesto en pie. Aquí se la traigo a ustedes. Junto a mi amigo e ilustre fotógrafo Martín Sampedro.

Foto: Daniel Muaré
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lunes, 26 de mayo de 2025

SERES NO HUMANOS

Foto: Tibor Litauszki
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SERES NO HUMANOS

Foto: Tibor Litauszki
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sábado, 24 de mayo de 2025

EL BESO (VI)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 6:

El segundo beso sí ocurrió. Pero no como lo habíamos imaginado. Fue una combustión de texturas, una espuma densa que nos invadió desde dentro. Él se disolvió primero: su contorno perdió frontera. Yo resistí unos segundos más, justo lo necesario para ver cómo mi boca empezaba a decir palabras que no conocía. Después no hubo lenguaje. Solo un calor antiguo que venía de más atrás de la memoria. Aquel beso nos alteró el pulso. Desde entonces, ya no vibramos con el mismo ritmo que los demás.

©Nitrofoska

EL BESO (VI)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 6:

El segundo beso sí ocurrió. Pero no como lo habíamos imaginado. Fue una combustión de texturas, una espuma densa que nos invadió desde dentro. Él se disolvió primero: su contorno perdió frontera. Yo resistí unos segundos más, justo lo necesario para ver cómo mi boca empezaba a decir palabras que no conocía. Después no hubo lenguaje. Solo un calor antiguo que venía de más atrás de la memoria. Aquel beso nos alteró el pulso. Desde entonces, ya no vibramos con el mismo ritmo que los demás.

©Nitrofoska

EL BESO (V)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 5:

Cuando me acerqué por primera vez, sentí que algo se desgarraba en el aire. No en mí. En el aire. Como si el mundo mismo notara que ese encuentro no debía suceder. Él tenía galaxias donde otros tienen rostro. Yo venía manchada de humo, con los recuerdos adheridos a la piel. No nos rozamos. Bastó con la intención. Una fisura invisible nos atravesó, y todo se volvió rojo, negro, espiral. El beso no llegó, pero dejó cicatriz.

©Nitrofoska

EL BESO (V)

Texto e imagen: Nitrofoska
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Fragmento 5:

Cuando me acerqué por primera vez, sentí que algo se desgarraba en el aire. No en mí. En el aire. Como si el mundo mismo notara que ese encuentro no debía suceder. Él tenía galaxias donde otros tienen rostro. Yo venía manchada de humo, con los recuerdos adheridos a la piel. No nos rozamos. Bastó con la intención. Una fisura invisible nos atravesó, y todo se volvió rojo, negro, espiral. El beso no llegó, pero dejó cicatriz.

©Nitrofoska

viernes, 23 de mayo de 2025

OBSERVAR

Hola, habitantes. ¿Cómo empieza el día?

Foto: Annick Gérardin
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OBSERVAR

Hola, habitantes. ¿Cómo empieza el día?

Foto: Annick Gérardin
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jueves, 22 de mayo de 2025

ANDROIDE FRAGMENTADO

Hola, habitantes. Para celebrar el 2º aniversario de Radical indefinido, mi libro de relatos, hoy os traigo Androide fragmentado, uno de sus relatos, que trata sobre la fabricación de robots humanoides, sobre sus prestaciones y sus posibles derechos. Sobre sus códigos morales y éticos. Sobre el carácter y temperamento general del individuo androide. Sobre su "humanidad".

Que ustedes lo disfruten. 

ANDROIDE FRAGMENTADO
©Nitrofoska

Dícese de aquel androide cuyos circuitos se han escindido en dos mitades, que pasan a ser independientes y autónomas.

Esta característica, propia de individuos androides que han sido sometidos a largas estancias entre los seres humanos ha sido objeto de profundos estudios, tanto entre ingenieros en Inteligencia Artificial como entre psiquiatras y neurólogos.

El doctor DeMichaelis, tras años de intensa investigación, sostiene que la fragmentación de circuitos es equiparable a la reproducción sexual humana. La teoría de DeMichaelis creó una gran conmoción, no solo en el mundo científico, sino también en el entorno jurídico, en el que se debatió con verdadero ardor sobre si los androides tenían los mismos derechos como especie que los humanos, si era lícito que se reprodujeran en libertad, sin que la mano y voluntad humanas intervinieran en el proceso.

Lo cierto es que DeMichaelis abrió una brecha a la que se han asomado infinidad de especialistas en la materia, una vasta y apasionante brecha que no deja de alimentar la polémica.

Por otro lado, la escuela austríaca, con el doctor Dragmun como estandarte más visible, establece un paralelismo indisoluble entre la fragmentación androide y la bipolaridad humana. Indisoluble en el sentido —siempre según la citada escuela— en que un ser humano bipolar podría sentirse humano en su polo creciente y androide en el decreciente o viceversa. Asimismo, un androide fragmentado sentiría palpitar sus circuitos como una persona en la fase roja mientras que en la fase verde serían estos mismos circuitos replicantes los que tomarían el control del organismo.

Es necesario señalar que el doctor Dragmun sufrió un severo accidente, buena parte de su esqueleto quedó destrozado y le fue sustituido en los sucesivos años por piezas de níquel y titanio, el llamado nitinol, una aleación con memoria de forma que revolucionó el mundo de los implantes biónicos. Dragmun se convirtió en uno de los pocos cíborgs absolutos que existen a día de hoy en el mundo.

Desde su nueva condición de cíborg absoluto, el doctor Dragmun fue elevando una teoría de comunión humano-androide que en ciertos ámbitos perdura hasta nuestros días.

Creemos que sería conveniente definir, para nuestros lectores menos familiarizados con esta temática, lo que es un cíborg. Para ello echaremos mano de la Wikipedia, en la que leemos: «Un cíborg es una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos, generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de la tecnología».

 Imagen: Nitrofoska
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Dragmun considera que el ser humano tiende hacia, digamos, el androidismo, tiende a convertirse en un cíborg cada vez más absoluto, un ser mecánico y digital que deje atrás la molesta tara humanoide de la enfermedad, la decadencia y la muerte. En ese camino imparable de androidización, iremos sustituyendo, al ritmo que la tecnología nos lo permita, nuestros débiles y corruptibles órganos humanos por perfectas réplicas en nitinol.

En palabras del doctor Dragmun: «Este proceso ya lo estamos viviendo hoy en día, donde multitud de personas, de seres humanos llevan instalados en sus cuerpos marcapasos metálicos, o tibias de titanio, o brazos de fibra articulada, o diminutas piezas adosadas en ojos y oídos, incluso corazones 100% artificiales. Pero como ustedes sin duda no ignoran, esto es solo el principio. En unas decenas de años los seres humanos estarán formados en su gran mayoría por elementos mecánicos, mucho más resistentes y de mejor calidad que los propios componentes orgánicos humanoides. Y en un siguiente paso evolutivo, estamos hablando de siglos, tal vez milenios, desaparecerá por completo, por resultar obsoleta, la parte orgánica. Un ser humano será entonces totalmente mecánico. Y esta es la paradoja que dominará nuestro mundo futuro: ¿seguirá siendo entonces un ser humano, "humano"?».

Los opositores de Dragmun han argumentado que el procesador central de estos Seres Humanos Robotizados, como llaman ellos a los cíborgs, sigue siendo el cerebro, con lo cual estamos hablando de seres humanos en todos los sentidos. La prestigiosa ingeniera en IA Tania Kozlova, una de las más visibles rivales de Dragmun en la arena científica dice al respecto: «Si una criatura, por muchos ciberimplantes que tenga es movida por el cerebro humano, estamos hablando de una criatura humana, y punto, señores, y punto, y en el otro extremo tenemos a los robots, movidos por cerebros mecánicos, cerebros mecánicos que nosotras hemos construido, ¡que nosotras hemos programado¿Y cómo va a tener libre albedrío una máquina en la que hemos programado hasta el más ínfimo detalle y a la que hemos dotado de todos los controles de seguridad pertinentes?».

En un plano práctico, estas divergencias de opinión resultan esenciales para determinar los derechos y obligaciones de los androides, no solo laborales, sino como individuos, como «personas» que viven e interactúan en nuestra comunidad. Para determinar según la jurisprudencia planetaria si los androides deben ser considerados miembros de pleno derecho de nuestra sociedad o por el contrario deben ser utilizados como esclavos, herramientas a nuestro servicio.

Se da la circunstancia de que la fragmentación androide se completa con más celeridad e insistencia, y también con un mayor derroche fotónico en primavera. Al parecer, la primavera no solo altera la sangre, sino también los circuitos biónicos.

Y es sobre este hecho indiscutible sobre el que han ido edificándose algunas de las más sólidas teorías de la integración hombre-máquina, que ha desembocado en conclusiones antagónicas, irreconciliables y hasta enfrentadas.

«Si la primavera es capaz de alterar el comportamiento de un androide, de una criatura-máquina, estamos aceptando que no todo su carácter, no toda su esencia está incluida en los circuitos que nosotros le implantamos. Estamos admitiendo que algo escapa a nuestra minuciosa programación», dijo al respecto el doctor DeMichaelis en el prestigioso congreso sobre IA que se está celebrando estos días en Malta.

«Y si aceptamos que la primavera altera nuestras minuciosas y avanzadísimas programaciones —aseveró DeMichaelis—, debemos también aceptar, mal que nos pese, la posibilidad de que los planetas, la astrología, sí, señores, la astrología, esa quimera del ocultismo, pueda ejercer cierta influencia sobre nuestras creaciones robóticas».

Llegados a este punto no podemos pasar por alto las muy populares teorías de la doctora Grandes. La doctora Daisy Grandes nació y creció en la estación espacial Gordon-Moore, que a día de hoy sigue albergando la más importante reserva de androides nonatos. La gran mayoría de los androides que se mueven por nuestra galaxia han dado sus primeros pasos en la estación espacial Gordon-Moore, donde antes de que incontables y alambicados ramales de parámetros y programaciones les sean introducidos, deben pasar un período de 15 días de prueba, de vida bajo vigilancia.

La doctora Daisy Grandes, hija del célebre matrimonio Grandes, reconocidos expertos en IA, tuvo la ocasión de asistir, desde niña y hasta muy avanzada su carrera médica al alumbramiento de numerosos modelos de androides. Y como detalla en su famoso tratado El nacimiento androide y los planetas, observó que los androides nacidos, pongamos por ejemplo, en el mes de enero, respondían a unos caracteres similares a los capricornio humanos, así como los nacidos en agosto se asemejaban a Leo. Dicho en otras palabras, la gran aportación de la doctora Grandes a la industria IA y al conocimiento robótico en general consiste en haber advertido que la disposición de los planetas, la astrología, ejerce una notable influencia —siempre según la doctora— si no en el comportamiento, que vendrá determinado por la programación establecida y los códigos morales y éticos implantados, sí en el carácter y temperamento general del individuo androide.

Hay quienes sostienen que este hecho, investigado y detallado en profundidad por la doctora Grandes, es la confirmación irrefutable de que los androides, las máquinas, son semejantes a las personas, con su misma, idéntica evolución, tocados por la primavera, el amor y otras pulsiones humanas.

Si desean ustedes ampliar sus conocimientos sobre este apasionante tema no deben pasar por alto el best seller planetario Gran carta astral comparativa humandroide. Les aconsejo su lectura. Doctora Daisy Grandes en Editorial Yupitēr.

Se me hace imprescindible retomar el pensamiento del doctor Dragmun. Les ofrecemos algunos extractos de la conferencia que ha pronunciado hace apenas unas horas en el congreso de Malta:

«Si creamos máquinas que nos superan en el plano intelectual, ¿cuál es el lugar de los humanos?».

«Un poco de humildad, se lo ruego: el ser humano no es más que un eslabón en la evolución de la vida, un eslabón al servicio de vidas superiores».

«Los científicos que construyeron la bomba atómica eran perfectamente conscientes de las posibles consecuencias que tendría su invento, su obra. No obstante investigaron con ardua determinación, al parecer para parar el avance del nazismo. Pero tras la muerte de Hitler continuaron trabajando incluso con más empeño. La gran mayoría de aquellos científicos no reflexionó en el daño que su creación tecnológica iba a causar, los dominó la necesidad de mostrar al mundo su enorme capacidad intelectual».

«Lo volverán a hacer. Construirán máquinas que acabarán con nosotros».

¿Y qué opinan los propios androides de todo esto? Buena pregunta, mis amados seres humanos.

© Max Nitrofoska

24 relatos más en mi libro RADICAL INDEFINIDO. Puedes comprarlo AQUÍ 

ANDROIDE FRAGMENTADO

Hola, habitantes. Para celebrar el 2º aniversario de Radical indefinido, mi libro de relatos, hoy os traigo Androide fragmentado, uno de sus relatos, que trata sobre la fabricación de robots humanoides, sobre sus prestaciones y sus posibles derechos. Sobre sus códigos morales y éticos. Sobre el carácter y temperamento general del individuo androide. Sobre su "humanidad".

Que ustedes lo disfruten. 

ANDROIDE FRAGMENTADO
©Nitrofoska

Dícese de aquel androide cuyos circuitos se han escindido en dos mitades, que pasan a ser independientes y autónomas.

Esta característica, propia de individuos androides que han sido sometidos a largas estancias entre los seres humanos ha sido objeto de profundos estudios, tanto entre ingenieros en Inteligencia Artificial como entre psiquiatras y neurólogos.

El doctor DeMichaelis, tras años de intensa investigación, sostiene que la fragmentación de circuitos es equiparable a la reproducción sexual humana. La teoría de DeMichaelis creó una gran conmoción, no solo en el mundo científico, sino también en el entorno jurídico, en el que se debatió con verdadero ardor sobre si los androides tenían los mismos derechos como especie que los humanos, si era lícito que se reprodujeran en libertad, sin que la mano y voluntad humanas intervinieran en el proceso.

Lo cierto es que DeMichaelis abrió una brecha a la que se han asomado infinidad de especialistas en la materia, una vasta y apasionante brecha que no deja de alimentar la polémica.

Por otro lado, la escuela austríaca, con el doctor Dragmun como estandarte más visible, establece un paralelismo indisoluble entre la fragmentación androide y la bipolaridad humana. Indisoluble en el sentido —siempre según la citada escuela— en que un ser humano bipolar podría sentirse humano en su polo creciente y androide en el decreciente o viceversa. Asimismo, un androide fragmentado sentiría palpitar sus circuitos como una persona en la fase roja mientras que en la fase verde serían estos mismos circuitos replicantes los que tomarían el control del organismo.

Es necesario señalar que el doctor Dragmun sufrió un severo accidente, buena parte de su esqueleto quedó destrozado y le fue sustituido en los sucesivos años por piezas de níquel y titanio, el llamado nitinol, una aleación con memoria de forma que revolucionó el mundo de los implantes biónicos. Dragmun se convirtió en uno de los pocos cíborgs absolutos que existen a día de hoy en el mundo.

Desde su nueva condición de cíborg absoluto, el doctor Dragmun fue elevando una teoría de comunión humano-androide que en ciertos ámbitos perdura hasta nuestros días.

Creemos que sería conveniente definir, para nuestros lectores menos familiarizados con esta temática, lo que es un cíborg. Para ello echaremos mano de la Wikipedia, en la que leemos: «Un cíborg es una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos, generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de la tecnología».

 Imagen: Nitrofoska
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Dragmun considera que el ser humano tiende hacia, digamos, el androidismo, tiende a convertirse en un cíborg cada vez más absoluto, un ser mecánico y digital que deje atrás la molesta tara humanoide de la enfermedad, la decadencia y la muerte. En ese camino imparable de androidización, iremos sustituyendo, al ritmo que la tecnología nos lo permita, nuestros débiles y corruptibles órganos humanos por perfectas réplicas en nitinol.

En palabras del doctor Dragmun: «Este proceso ya lo estamos viviendo hoy en día, donde multitud de personas, de seres humanos llevan instalados en sus cuerpos marcapasos metálicos, o tibias de titanio, o brazos de fibra articulada, o diminutas piezas adosadas en ojos y oídos, incluso corazones 100% artificiales. Pero como ustedes sin duda no ignoran, esto es solo el principio. En unas decenas de años los seres humanos estarán formados en su gran mayoría por elementos mecánicos, mucho más resistentes y de mejor calidad que los propios componentes orgánicos humanoides. Y en un siguiente paso evolutivo, estamos hablando de siglos, tal vez milenios, desaparecerá por completo, por resultar obsoleta, la parte orgánica. Un ser humano será entonces totalmente mecánico. Y esta es la paradoja que dominará nuestro mundo futuro: ¿seguirá siendo entonces un ser humano, "humano"?».

Los opositores de Dragmun han argumentado que el procesador central de estos Seres Humanos Robotizados, como llaman ellos a los cíborgs, sigue siendo el cerebro, con lo cual estamos hablando de seres humanos en todos los sentidos. La prestigiosa ingeniera en IA Tania Kozlova, una de las más visibles rivales de Dragmun en la arena científica dice al respecto: «Si una criatura, por muchos ciberimplantes que tenga es movida por el cerebro humano, estamos hablando de una criatura humana, y punto, señores, y punto, y en el otro extremo tenemos a los robots, movidos por cerebros mecánicos, cerebros mecánicos que nosotras hemos construido, ¡que nosotras hemos programado¿Y cómo va a tener libre albedrío una máquina en la que hemos programado hasta el más ínfimo detalle y a la que hemos dotado de todos los controles de seguridad pertinentes?».

En un plano práctico, estas divergencias de opinión resultan esenciales para determinar los derechos y obligaciones de los androides, no solo laborales, sino como individuos, como «personas» que viven e interactúan en nuestra comunidad. Para determinar según la jurisprudencia planetaria si los androides deben ser considerados miembros de pleno derecho de nuestra sociedad o por el contrario deben ser utilizados como esclavos, herramientas a nuestro servicio.

Se da la circunstancia de que la fragmentación androide se completa con más celeridad e insistencia, y también con un mayor derroche fotónico en primavera. Al parecer, la primavera no solo altera la sangre, sino también los circuitos biónicos.

Y es sobre este hecho indiscutible sobre el que han ido edificándose algunas de las más sólidas teorías de la integración hombre-máquina, que ha desembocado en conclusiones antagónicas, irreconciliables y hasta enfrentadas.

«Si la primavera es capaz de alterar el comportamiento de un androide, de una criatura-máquina, estamos aceptando que no todo su carácter, no toda su esencia está incluida en los circuitos que nosotros le implantamos. Estamos admitiendo que algo escapa a nuestra minuciosa programación», dijo al respecto el doctor DeMichaelis en el prestigioso congreso sobre IA que se está celebrando estos días en Malta.

«Y si aceptamos que la primavera altera nuestras minuciosas y avanzadísimas programaciones —aseveró DeMichaelis—, debemos también aceptar, mal que nos pese, la posibilidad de que los planetas, la astrología, sí, señores, la astrología, esa quimera del ocultismo, pueda ejercer cierta influencia sobre nuestras creaciones robóticas».

Llegados a este punto no podemos pasar por alto las muy populares teorías de la doctora Grandes. La doctora Daisy Grandes nació y creció en la estación espacial Gordon-Moore, que a día de hoy sigue albergando la más importante reserva de androides nonatos. La gran mayoría de los androides que se mueven por nuestra galaxia han dado sus primeros pasos en la estación espacial Gordon-Moore, donde antes de que incontables y alambicados ramales de parámetros y programaciones les sean introducidos, deben pasar un período de 15 días de prueba, de vida bajo vigilancia.

La doctora Daisy Grandes, hija del célebre matrimonio Grandes, reconocidos expertos en IA, tuvo la ocasión de asistir, desde niña y hasta muy avanzada su carrera médica al alumbramiento de numerosos modelos de androides. Y como detalla en su famoso tratado El nacimiento androide y los planetas, observó que los androides nacidos, pongamos por ejemplo, en el mes de enero, respondían a unos caracteres similares a los capricornio humanos, así como los nacidos en agosto se asemejaban a Leo. Dicho en otras palabras, la gran aportación de la doctora Grandes a la industria IA y al conocimiento robótico en general consiste en haber advertido que la disposición de los planetas, la astrología, ejerce una notable influencia —siempre según la doctora— si no en el comportamiento, que vendrá determinado por la programación establecida y los códigos morales y éticos implantados, sí en el carácter y temperamento general del individuo androide.

Hay quienes sostienen que este hecho, investigado y detallado en profundidad por la doctora Grandes, es la confirmación irrefutable de que los androides, las máquinas, son semejantes a las personas, con su misma, idéntica evolución, tocados por la primavera, el amor y otras pulsiones humanas.

Si desean ustedes ampliar sus conocimientos sobre este apasionante tema no deben pasar por alto el best seller planetario Gran carta astral comparativa humandroide. Les aconsejo su lectura. Doctora Daisy Grandes en Editorial Yupitēr.

Se me hace imprescindible retomar el pensamiento del doctor Dragmun. Les ofrecemos algunos extractos de la conferencia que ha pronunciado hace apenas unas horas en el congreso de Malta:

«Si creamos máquinas que nos superan en el plano intelectual, ¿cuál es el lugar de los humanos?».

«Un poco de humildad, se lo ruego: el ser humano no es más que un eslabón en la evolución de la vida, un eslabón al servicio de vidas superiores».

«Los científicos que construyeron la bomba atómica eran perfectamente conscientes de las posibles consecuencias que tendría su invento, su obra. No obstante investigaron con ardua determinación, al parecer para parar el avance del nazismo. Pero tras la muerte de Hitler continuaron trabajando incluso con más empeño. La gran mayoría de aquellos científicos no reflexionó en el daño que su creación tecnológica iba a causar, los dominó la necesidad de mostrar al mundo su enorme capacidad intelectual».

«Lo volverán a hacer. Construirán máquinas que acabarán con nosotros».

¿Y qué opinan los propios androides de todo esto? Buena pregunta, mis amados seres humanos.

© Max Nitrofoska

24 relatos más en mi libro RADICAL INDEFINIDO. Puedes comprarlo AQUÍ 

miércoles, 21 de mayo de 2025

9 AÑOS EN LAS REDES

Hola, queridos habitantes. Hoy hace 9 años que mi página web vio la luz. 9 años en los que les he compartido unas 1.500 entradas, que han recibido más de 430.000 visitas. Solo se me ocurre una palabra. Bueno, dos. Y no son ¡HAZ ALGO!, que también. Son: ¡MUCHAS GRACIAS!!!

A seguir disfrutando.

Foto: Mimisme
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9 AÑOS EN LAS REDES

Hola, queridos habitantes. Hoy hace 9 años que mi página web vio la luz. 9 años en los que les he compartido unas 1.500 entradas, que han recibido más de 430.000 visitas. Solo se me ocurre una palabra. Bueno, dos. Y no son ¡HAZ ALGO!, que también. Son: ¡MUCHAS GRACIAS!!!

A seguir disfrutando.

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lunes, 19 de mayo de 2025

SALTO

Hola, habitantes. ¿Cómo se presenta la semana?

Foto: Desconocidx
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domingo, 18 de mayo de 2025

VIAJE A LA LUNA EN FAMILIA (IV)

 Imagen: Nitrofoska
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Fragmento 4:

Nunca supe cómo funcionaba. Él sí. Movía las órbitas con los dedos, dibujaba trayectorias imposibles, usaba planetas como si fueran piezas de un tablero secreto. Yo me limitaba a observar. El pequeño —ese niño callado— no era como nosotros. Llevaba otro tipo de polvo en la piel. Algo más antiguo, más profundo.

No decía nada, pero cada gesto suyo transmitía una intención. En sus manos nacía el lenguaje. En sus ojos, anillos.

Papá lo justificaba: en los nacimientos orbitales, decía, el tiempo se pliega distinto. Todo llega, con paciencia. Mamá no decía nada. Ella ya lo sabía.

Una vez me acerqué demasiado. Él me mostró una luna: vacía, temblorosa. Dijo que allí iba a dormir. Que al despertar, las cosas cambiarían.

O quizá ya despertó, y su sueño es lo que ahora habitamos.

©Nitrofoska
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