martes, 31 de octubre de 2023

ESTE FEO ASUNTO

Foto: Desconocidx


Lo único que se sabe
de este feo asunto
es que el sonido,
ese sonido sordo, crustáceo, espeso
crece sin mesura y
te rompe la cabeza,
y las neuronas, heridas,
resbalan por tus mejillas.
Parecen lágrimas.
Lágrimas que huelen a petróleo.

Y arde, este petróleo,
quema, este petróleo,
impregna cada uno de tus pliegues
en un suceso sin importancia
que prende con facilidad.
Resplandecen las llamas en color rojo oscuro,
casi negro.

Te cuesta ponerte en marcha
con esas piernas de corcho colgando de tu cuerpo,
con esas piernas de mentira
que son las que te han transportado siempre
a través del tiempo.

Es frecuente verte tropezar,
a veces tropiezas
y te hieres en la rodilla
o acaso en un ojo
o los dos ojos a la vez y no ves,
no ves nada de lo que tienes por delante.

Tal vez sea el humo
y las llamas
de todo lo que arde a mi alrededor,
te dices.

Pero no es el humo.
No son las llamas.
No está tan lejos.
A mí me quema.
Mira, tengo el culo pelado,
chamuscado, y eso
es muy cercano.
Duele.
Escuece.
Pomadita de la farmacia en el culillo.

Este feo asunto no es más que un vagón lleno de gente
en el que todo el mundo habla sin parar.
Gritan,
vocean,
retransmiten,
y lo poco que saben
se diluye en sus gargantas de metal.
Como una bala sin nombre.
Y aquello, claro está, salta por los aires,
es una especie de géiser sonoro
en el que las notas,
los sonidos
vuelan de un lado a otro
como cohetes enloquecidos
que te rompen los tímpanos.
Y otras cosas.
Hay que decirlo.
Las pelots.

Todo lo que arde se convierte en rojo oscuro.
Y más tarde en negro.
Queda poco tiempo.
Aprieta fuerte.
Contempla las llamas.
Acércate a su calor.
Ni un paso atrás.

Resumen:
Todo lo que arde se convierte en rojo oscuro.
Y más tarde en negro.
Queda poco tiempo.
Aprieta fuerte.
Contempla las llamas.
Acércate a su calor.
Ni un paso atrás.


© Max Nitrofoska

ESTE FEO ASUNTO

Foto: Desconocidx


Lo único que se sabe
de este feo asunto
es que el sonido,
ese sonido sordo, crustáceo, espeso
crece sin mesura y
te rompe la cabeza,
y las neuronas, heridas,
resbalan por tus mejillas.
Parecen lágrimas.
Lágrimas que huelen a petróleo.

Y arde, este petróleo,
quema, este petróleo,
impregna cada uno de tus pliegues
en un suceso sin importancia
que prende con facilidad.
Resplandecen las llamas en color rojo oscuro,
casi negro.

Te cuesta ponerte en marcha
con esas piernas de corcho colgando de tu cuerpo,
con esas piernas de mentira
que son las que te han transportado siempre
a través del tiempo.

Es frecuente verte tropezar,
a veces tropiezas
y te hieres en la rodilla
o acaso en un ojo
o los dos ojos a la vez y no ves,
no ves nada de lo que tienes por delante.

Tal vez sea el humo
y las llamas
de todo lo que arde a mi alrededor,
te dices.

Pero no es el humo.
No son las llamas.
No está tan lejos.
A mí me quema.
Mira, tengo el culo pelado,
chamuscado, y eso
es muy cercano.
Duele.
Escuece.
Pomadita de la farmacia en el culillo.

Este feo asunto no es más que un vagón lleno de gente
en el que todo el mundo habla sin parar.
Gritan,
vocean,
retransmiten,
y lo poco que saben
se diluye en sus gargantas de metal.
Como una bala sin nombre.
Y aquello, claro está, salta por los aires,
es una especie de géiser sonoro
en el que las notas,
los sonidos
vuelan de un lado a otro
como cohetes enloquecidos
que te rompen los tímpanos.
Y otras cosas.
Hay que decirlo.
Las pelots.

Todo lo que arde se convierte en rojo oscuro.
Y más tarde en negro.
Queda poco tiempo.
Aprieta fuerte.
Contempla las llamas.
Acércate a su calor.
Ni un paso atrás.

Resumen:
Todo lo que arde se convierte en rojo oscuro.
Y más tarde en negro.
Queda poco tiempo.
Aprieta fuerte.
Contempla las llamas.
Acércate a su calor.
Ni un paso atrás.


© Max Nitrofoska

domingo, 29 de octubre de 2023

A RESPIRAR

Buenos días, humanoides. ¿Cómo van hoy sus cosas?

Foto: Viktor Mácha
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A RESPIRAR

Buenos días, humanoides. ¿Cómo van hoy sus cosas?

Foto: Viktor Mácha
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jueves, 26 de octubre de 2023

AQVO: LAS MUJERES AZULES

Existen otros mundos, ahí, alrededor, detrás de nuestra mente. Sumergidos. Mundos que por miedo, o por falta de un impulso que materialice nuestras acciones se quedan ahí, a las puertas de nuestros sueños.

AQVO es una parada en ese cosmos, una invitación a penetrar en nuestro propio yo, en esos mundos que permanecen ocultos durante demasiado tiempo, acaso toda nuestra vida.

Imagina a las Mujeres Azules, seres acuáticos, fragmentos de cielo atrapados en las profundidades abisales del océano.

Sus ojos, ciegos, iridiscentes, brillan como faros en la oscuridad de las profundidades.

Esas antenas que brotan en sus cabezas les permiten conectarse con la vasta red de conocimiento de su mundo. A través de ellas, pueden sintonizar las memorias de las criaturas marinas ancestrales y aprender los secretos ocultos de los abismos.

Las antenas, como hilos de conocimiento entrelazados con lo más profundo del océano, son las ventanas de acceso a un compendio ancestral de sabiduría. Cuando una mujer azul extiende sus antenas en el agua, siente una vibración en su mente, una vibración semejante a las notas de una sinfonía antigua. Es en ese momento en que la conexión se establece. La música, el espacio, el tiempo y la profundidad forman, ahora sí, las coordenadas en las que se desarrollan sus acciones.

Las memorias de las criaturas marinas ancestrales fluyen hacia su conciencia como cuentos susurrados por el viento submarino. Aprenden de las ballenas deambulantes que han navegado los mares durante eones y conocen las sendas secretas trazadas por las tortugas que recorren los océanos desde tiempos inmemoriales. A través de estas conexiones, las Mujeres Azules adquieren una perspectiva única de la historia del océano, comprendiendo las huellas del tiempo grabadas en cada ola y en cada criatura que habita en las profundidades.

Esta conexión con el océano forma una danza eterna entre la percepción y la acción, donde cada movimiento es una respuesta al eco de las edades pasadas y futuras. Las Mujeres Azules se convierten en guardianas del equilibrio en un mundo submarino en constante devenir, iluminando el camino hacia la exploración y el entendimiento.

No somos uno. Somos una gran cantidad de seres que revolotean a nuestro alrededor, haciendo señas.

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AQVO: LAS MUJERES AZULES

Existen otros mundos, ahí, alrededor, detrás de nuestra mente. Sumergidos. Mundos que por miedo, o por falta de un impulso que materialice nuestras acciones se quedan ahí, a las puertas de nuestros sueños.

AQVO es una parada en ese cosmos, una invitación a penetrar en nuestro propio yo, en esos mundos que permanecen ocultos durante demasiado tiempo, acaso toda nuestra vida.

Imagina a las Mujeres Azules, seres acuáticos, fragmentos de cielo atrapados en las profundidades abisales del océano.

Sus ojos, ciegos, iridiscentes, brillan como faros en la oscuridad de las profundidades.

Esas antenas que brotan en sus cabezas les permiten conectarse con la vasta red de conocimiento de su mundo. A través de ellas, pueden sintonizar las memorias de las criaturas marinas ancestrales y aprender los secretos ocultos de los abismos.

Las antenas, como hilos de conocimiento entrelazados con lo más profundo del océano, son las ventanas de acceso a un compendio ancestral de sabiduría. Cuando una mujer azul extiende sus antenas en el agua, siente una vibración en su mente, una vibración semejante a las notas de una sinfonía antigua. Es en ese momento en que la conexión se establece. La música, el espacio, el tiempo y la profundidad forman, ahora sí, las coordenadas en las que se desarrollan sus acciones.

Las memorias de las criaturas marinas ancestrales fluyen hacia su conciencia como cuentos susurrados por el viento submarino. Aprenden de las ballenas deambulantes que han navegado los mares durante eones y conocen las sendas secretas trazadas por las tortugas que recorren los océanos desde tiempos inmemoriales. A través de estas conexiones, las Mujeres Azules adquieren una perspectiva única de la historia del océano, comprendiendo las huellas del tiempo grabadas en cada ola y en cada criatura que habita en las profundidades.

Esta conexión con el océano forma una danza eterna entre la percepción y la acción, donde cada movimiento es una respuesta al eco de las edades pasadas y futuras. Las Mujeres Azules se convierten en guardianas del equilibrio en un mundo submarino en constante devenir, iluminando el camino hacia la exploración y el entendimiento.

No somos uno. Somos una gran cantidad de seres que revolotean a nuestro alrededor, haciendo señas.

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