miércoles, 31 de agosto de 2022
martes, 30 de agosto de 2022
sábado, 27 de agosto de 2022
jueves, 25 de agosto de 2022
VIAJAR EN EL TIEMPO
Viajar
en el tiempo
a través de tu recuerdo.
Recorrer los minutos
que dejaste vacíos,
huérfanos,
sin sentido.
Viajar
en el tiempo
dando bandazos,
con piedras en los
bolsillos,
aferrado a tres o cuatro palabras
que
acostumbrabas a decir de madrugada
y funcionaban como un
juramento mágico,
un hechizo.
Viajar
en el tiempo
roto,
malherido,
empujado por una
luz,
por una furia deslumbrante
que lleva tu nombre
a
la vista de todos,
prendido en la solapa.
Viajar
en el tiempo con la sola idea
de encontrarte ahí,
en
algún recodo de la memoria,
perdida,
como lo estoy yo.
En
ese momento tal vez me preguntes
cuándo amanece,
dónde
está tu calle,
que deje ya de llover.
Tal vez incluso me
preguntes
si aún te quiero pero cómo no te voy a querer,
si
viajo en el tiempo solo para regresar a tu mirada,
para regresar
al aroma cálido y jugoso de tu boca,
a esas mañanas llenas de
luz
en las que te estiras en la cama
y tu piel es un
desierto blanco,
con sus dunas, sus oasis
y algún que
otro alacrán,
también.
Viajar
en el tiempo
a través de tu recuerdo.
Recorrer los minutos
que dejaste vacíos,
huérfanos,
sin sentido.
Viajar
en el tiempo
a través de tu recuerdo
y regresar
persiguiendo el eco de tu latido,
regresar una y otra vez hasta
que esa sonrisa brille
y brille
y brille por siempre
y
no sea un recuerdo,
esta vez seas tú
la que aparece,
la
que sonríe entre la niebla
y me dice ven, que se hace tarde.
© Max Nitrofoska
VIAJAR EN EL TIEMPO
Viajar
en el tiempo
a través de tu recuerdo.
Recorrer los minutos
que dejaste vacíos,
huérfanos,
sin sentido.
Viajar
en el tiempo
dando bandazos,
con piedras en los
bolsillos,
aferrado a tres o cuatro palabras
que
acostumbrabas a decir de madrugada
y funcionaban como un
juramento mágico,
un hechizo.
Viajar
en el tiempo
roto,
malherido,
empujado por una
luz,
por una furia deslumbrante
que lleva tu nombre
a
la vista de todos,
prendido en la solapa.
Viajar
en el tiempo con la sola idea
de encontrarte ahí,
en
algún recodo de la memoria,
perdida,
como lo estoy yo.
En
ese momento tal vez me preguntes
cuándo amanece,
dónde
está tu calle,
que deje ya de llover.
Tal vez incluso me
preguntes
si aún te quiero pero cómo no te voy a querer,
si
viajo en el tiempo solo para regresar a tu mirada,
para regresar
al aroma cálido y jugoso de tu boca,
a esas mañanas llenas de
luz
en las que te estiras en la cama
y tu piel es un
desierto blanco,
con sus dunas, sus oasis
y algún que
otro alacrán,
también.
Viajar
en el tiempo
a través de tu recuerdo.
Recorrer los minutos
que dejaste vacíos,
huérfanos,
sin sentido.
Viajar
en el tiempo
a través de tu recuerdo
y regresar
persiguiendo el eco de tu latido,
regresar una y otra vez hasta
que esa sonrisa brille
y brille
y brille por siempre
y
no sea un recuerdo,
esta vez seas tú
la que aparece,
la
que sonríe entre la niebla
y me dice ven, que se hace tarde.
© Max Nitrofoska
martes, 23 de agosto de 2022
domingo, 21 de agosto de 2022
jueves, 18 de agosto de 2022
CIUDAD_HUMANOIDE#_17
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Esta serie, Ciudad Humanoide, trata de fotografías que muestran lo que nos cuentan las paredes de nuestras calles, de nuestras ciudades, las calles y ciudades por las que paseamos y corremos y respiramos o nos ahogamos, siempre en busca de algo, de mucho, de casi nada.
Las paredes hablan. Ustedes me dirán que en realidad son las personas las que hablan, las que pintan y dibujan y escriben en ellas lo que les sucede en ese momento, el grito rabioso o desesperado, el comentario jocoso o irónico. Y no puedo más que daros la razón, son las personas que nos rodean las que hacen esto y aquello. Dejan marcas, las personas.
Antes, cuando alguien tenía algo que decir, cuando se encontraba habitado por un pensamiento urgente que pugnaba por manifestarse con fuerza y ahínco, esta persona saltaba a la calle, se plantaba ante sus amigues o ante perfectos desconocidos y les decía, les gritaba, les bramaba su ocurrencia, su misterio, su preocupación y su furia. Ahora, sin embargo, nos expresamos a través de las redes sociales, con idéntica vehemencia, eso sí.
Pero lo que más me ha llamado la atención a lo largo de los tres años que llevo haciendo estas fotos es la gran cantidad de pintadas, de frases, de ocurrencias que los seres humanos siguen escribiendo en las paredes de las calles de sus ciudades. Al parecer, las redes sociales no son suficientes.
Y eso es lo que les traigo desde mi nebulosa, las fotografías de las pintadas que me he encontrado en el camino. No todas las publico, porque algunas son de un pésimo gusto, y podrían lastimar la exquisita sensibilidad que habita en algunos de ustedes. Es broma, ya sé que son ustedes duros como el pedernal y sus corazones han sido forjados en las más tenebrosas tinieblas, no hay más que verles. Cuídense. Y miren a su alrededor. Las paredes hablan.
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
CIUDAD_HUMANOIDE#_17
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Esta serie, Ciudad Humanoide, trata de fotografías que muestran lo que nos cuentan las paredes de nuestras calles, de nuestras ciudades, las calles y ciudades por las que paseamos y corremos y respiramos o nos ahogamos, siempre en busca de algo, de mucho, de casi nada.
Las paredes hablan. Ustedes me dirán que en realidad son las personas las que hablan, las que pintan y dibujan y escriben en ellas lo que les sucede en ese momento, el grito rabioso o desesperado, el comentario jocoso o irónico. Y no puedo más que daros la razón, son las personas que nos rodean las que hacen esto y aquello. Dejan marcas, las personas.
Antes, cuando alguien tenía algo que decir, cuando se encontraba habitado por un pensamiento urgente que pugnaba por manifestarse con fuerza y ahínco, esta persona saltaba a la calle, se plantaba ante sus amigues o ante perfectos desconocidos y les decía, les gritaba, les bramaba su ocurrencia, su misterio, su preocupación y su furia. Ahora, sin embargo, nos expresamos a través de las redes sociales, con idéntica vehemencia, eso sí.
Pero lo que más me ha llamado la atención a lo largo de los tres años que llevo haciendo estas fotos es la gran cantidad de pintadas, de frases, de ocurrencias que los seres humanos siguen escribiendo en las paredes de las calles de sus ciudades. Al parecer, las redes sociales no son suficientes.
Y eso es lo que les traigo desde mi nebulosa, las fotografías de las pintadas que me he encontrado en el camino. No todas las publico, porque algunas son de un pésimo gusto, y podrían lastimar la exquisita sensibilidad que habita en algunos de ustedes. Es broma, ya sé que son ustedes duros como el pedernal y sus corazones han sido forjados en las más tenebrosas tinieblas, no hay más que verles. Cuídense. Y miren a su alrededor. Las paredes hablan.
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
Click en la imagen para ampliar
domingo, 14 de agosto de 2022
viernes, 12 de agosto de 2022
jueves, 11 de agosto de 2022
RUIDO
El ruido en el hangar de ensamblaje era insoportable, es cierto. Tal vez por eso, por ese ruido infernal me acordé de aquel viaje al Universo Tap-on.
Yo llegué por casualidad. Necesitaba con urgencia repuestos para reparar mi vieja Thompson Pilgrim. El Universo Tap-on orbitaba cerca y me pareció un buen lugar donde hacerme con ellos.
Sus habitantes resultaron ser del género humanoide, muy similares a los de la Tierra. Eran amables, simpáticos y estaban bien provistos. En pocas horas ya tuve entre mis manos los repuestos que me permitirían poner en marcha mi nave.
Pagué mi adquisición con varias bolsitas de Luz Persa y me senté en un puesto de comida del mercado Central. El sándwich de jamón y queso estaba delicioso. Me recordó a la órbita Madrid. Frente a mí vi a una mujer con unos extraños pendientes colgando de sus orejas. Se trataba de pequeños tapones que ella introducía alternativamente en sus oídos, tal vez agobiada, aturdida por el ensordecedor ambiente del mercado Central.
Pero luego me di cuenta de que todos los seres de este universo, todos los tap-onianos llevaban unos pequeños artefactos como estos en sus orejas. Hasta ese momento no me había dado cuenta, absorto en mi búsqueda. Tal vez se trate de una especie cualitativamente mejorada de la especie humana, pensé. Oídos sordos. Silencio. Calma. Sosiego. Qué maravilla.
Pagué
la cuenta con un destello de Luz Persa y me dirigí hacia mi nave. Me
hice la firme promesa de regresar al Universo Tap-on en breve. Con
unos tapones en condiciones colgando de las orejas, eso sí. Hay que
ver qué sociedad tan avanzada.
RUIDO
El ruido en el hangar de ensamblaje era insoportable, es cierto. Tal vez por eso, por ese ruido infernal me acordé de aquel viaje al Universo Tap-on.
Yo llegué por casualidad. Necesitaba con urgencia repuestos para reparar mi vieja Thompson Pilgrim. El Universo Tap-on orbitaba cerca y me pareció un buen lugar donde hacerme con ellos.
Sus habitantes resultaron ser del género humanoide, muy similares a los de la Tierra. Eran amables, simpáticos y estaban bien provistos. En pocas horas ya tuve entre mis manos los repuestos que me permitirían poner en marcha mi nave.
Pagué mi adquisición con varias bolsitas de Luz Persa y me senté en un puesto de comida del mercado Central. El sándwich de jamón y queso estaba delicioso. Me recordó a la órbita Madrid. Frente a mí vi a una mujer con unos extraños pendientes colgando de sus orejas. Se trataba de pequeños tapones que ella introducía alternativamente en sus oídos, tal vez agobiada, aturdida por el ensordecedor ambiente del mercado Central.
Pero luego me di cuenta de que todos los seres de este universo, todos los tap-onianos llevaban unos pequeños artefactos como estos en sus orejas. Hasta ese momento no me había dado cuenta, absorto en mi búsqueda. Tal vez se trate de una especie cualitativamente mejorada de la especie humana, pensé. Oídos sordos. Silencio. Calma. Sosiego. Qué maravilla.
Pagué
la cuenta con un destello de Luz Persa y me dirigí hacia mi nave. Me
hice la firme promesa de regresar al Universo Tap-on en breve. Con
unos tapones en condiciones colgando de las orejas, eso sí. Hay que
ver qué sociedad tan avanzada.

























