sábado, 31 de diciembre de 2016

Bienvenido 2017 Ongi Etorri

Desde la nebulosa Simónides y el asteroide XR-54 les deseamos 
un feliz año 2017, amados seres humanos.

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Bienvenido 2017 Ongi Etorri

Desde la nebulosa Simónides y el asteroide XR-54 les deseamos 
un feliz año 2017, amados seres humanos.

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martes, 27 de diciembre de 2016

La maldición del caso Gürtel

Este país está gobernado por gángsters.
¡¡Basta ya!!
Vota Nitrofoska. Vota androide.

La maldición del caso Gürtel.

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La maldición del caso Gürtel

Este país está gobernado por gángsters.
¡¡Basta ya!!
Vota Nitrofoska. Vota androide.

La maldición del caso Gürtel.

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jueves, 22 de diciembre de 2016

La Puerta del Sol

La Puerta del Sol es el punto que señala el epicentro en el que convergen todas las galaxias.

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La Puerta del Sol

La Puerta del Sol es el punto que señala el epicentro en el que convergen todas las galaxias.

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sábado, 17 de diciembre de 2016

Campaña electoral androide

La campaña electoral ya ha dado comienzo en la galaxia.
En la órbita Olano y en la nebulosa Phaxe se han alcanzado a ver los 
primeros carteles siderales.

¡Vota NITROFOSKA! ¡Vota ANDROIDE!


Gráfica: Kristina Olano KRISPO
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 Gráfica: Phaxe Solstice
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Gráfica: Kristina Olano KRISPO
                                                   Click en a imagen para ampliar

 Gráfica: Phaxe Solstice
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                                                          Gráfica: Phaxe Solstice
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Campaña electoral androide

La campaña electoral ya ha dado comienzo en la galaxia.
En la órbita Olano y en la nebulosa Phaxe se han alcanzado a ver los 
primeros carteles siderales.

¡Vota NITROFOSKA! ¡Vota ANDROIDE!


Gráfica: Kristina Olano KRISPO
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martes, 6 de diciembre de 2016

El candroide justiciero

Sucedió al empezar el ciclo nocturno del asteroide Eunice, en la órbita de Juno. El atardecer era plácido, de tintes pastel y silencio boreal. Yo bebía una triglina recostado en una de las sedosas hamacas que se distribuían por la playa de magnesio.

Unos metros a mi izquierda, un candroide encendía un cigarrillo de la marca Atómiko, de pie, acomodado sobre sus poderosas patas traseras, contemplando el ocaso mientras saboreaba el humo del uranio enriquecido.

Era tanta la tranquilidad de aquel anochecer en Eunice, que ni la Medium  Medusa hubiera podido adivinar esto que va a suceder a continuación.

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Una vieja furgoneta Volkswagen de 2021 aparece rodando sobre la playa. No es frecuente que un vehículo circule sobre el magnesio. Va despacio, dejando una densa nube gris a su paso.

Se detiene a mi altura, como a cien metros frente a la atalaya donde estamos el candroide y yo.

Se abre la puerta lateral de la furgoneta y sale un organismo esquizoide, un humano grande, como de cien kilos de peso, vestido con uniforme de vigilante color caqui, como un carcelero orbital.

Saca una jaula en la que un perro de cuatro patas, de los que ya escasean en la galaxia, ladra enloquecido. Muerde los barrotes. Sus enormes dientes brillan sobre los últimos rayos de sol.

El carcelero pone la jaula delante de la furgoneta, donde los focos encendidos crean un halo incandescente.

Un vehículo se acerca por el otro extremo de la playa. Se trata de una pequeña nave, un platillo despresurizado de fabricación casera que se acerca despacio, acariciando el aire, a pocos centímetros sobre la arena de magnesio. Lleva las luces encendidas, abriendo un pasillo luminoso en el denso crepúsculo. Cuando su haz de luz forma una intersección con el que proyecta la Volkswagen, el platillo se detiene.

A mi lado, el candroide aspira una profuna calada de su cigarrillo marca Atómiko.

Del platillo despresurizado sale un grupo de tres seres humanos, dos hombres y una mujer de raza blanca terrestre. Hablan a gritos en una lengua centroeuropea. La noche cambia de color. Los focos de los vehículos hacen desaparecer la lluvia estelar.

Los humanoides del platillo sacan una jaula con un perro de pelea. El perro ladra frenético en la jaula. Los humanoides bromean entre ellos y lanzan alaridos desafiantes al carcelero. Le dicen que le han puesto dientes de titanio a su perro de pelea, que lo va a triturar al otro.

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El carcelero pone las largas de su furgoneta, la luz invade la playa, el magnesio brilla con sus reflejos metálicos, peligrosos, su reflejo de veneno.

Las dos jaulas, los dos perros, frente a frente, en una pelea que los dejará destrozados de por vida. O tal vez muertos.

El grupo centroeuropeo muestra una bolsa con diamantes de Sudáfrica. El carcelero muestra a su vez su bolsa de diamantes. La apuesta está hecha. El ganador se quedará con todo.

Se abren las dos jaulas. Los perros se tiran uno contra el otro. Ahora sí los veo bien bajo los focos. Son un Pitbull  y un Rottweiler. Tremendos los dos. Fuertes, ágiles, hambrientos, adiestrados para matar. Veo brillar la dentadura de titanio del Pitbull, que ya ha hundido sus dientes en la piel de su rival.

A mi lado, el candroide saca del interior de su cazadora un arma negurítica de doble cañón vacilado, capaz de abatir cualquier tipo de criatura orbital de un solo tiro. El candroide mira su arma, me mira a mí, luego otra vez al arma y luego al frente, donde los dos perros pelean a muerte.

El candroide baja caminando despacio hasta la playa. Cuando se encuentra ya muy cerca de los haces de luz que proyectan los dos vehículos veo que empuña su arma. Los humanos centroeuropeos y el carcelero no le dedican ni una sola mirada, absortos en la pelea. El candroide dispara una vez. El centroeuropeo del bigote cae fulminado sobre la arena de magnesio con una mezcla de asombro e incredulidad pintada en el rostro. Entonces los otros comprenden lo que está pasando y miran al candroide. Pero ya es tarde para ellos, no les da tiempo a echar mano a sus armas. El candroide lanza otros tres disparos. Tres cuerpos humanos más se desploman sobre la metálica alfombra de magnesio.

Los perros siguen peleando, ajenos a lo que está pasando.

El candroide se agacha en la arena. Guarda su arma negurítica de doble cañón vacilado en el interior de su cazadora de cuero, de la que saca una especie de cuchara cromada. Despacio, muy despacio, con ayuda de la cuchara le saca los ojos de sus cuencas al carcelero. Se las arroja a los perros, que pelean ya con menos convicción, extrañados de sentirse tan solos. El candroide va sacando los ojos uno a uno a los cuatro humanos. Les tira a los perros los cuatro pares de ojos. Los perros han dejado de pelear y olfatean los globos oculares, los lamen. El Pitbull se anima a mordisquear uno de ellos. El Rottweiler le sigue. Devoran los ojos.

El candroide se levanta, se acerca a la furgoneta Volkswagen y apaga el motor y las luces. Hace lo mismo con el platillo despresurizado. La oscuridad regresa a la playa de magnesio. Las estrellas vuelven a brillar en el oscuro cielo del asteroide Eunice. Los perros giran en redondo, desconcertados. Empiezan a caminar por la playa, sin rumbo, libres.

El candroide se acerca a la orilla, que está creciendo y se encuentra ya muy cerca de los humanoides muertos. Limpia la cuchara cromada en el agua de mar y la guarda en el bolsillo interior de su cazadora, junto al arma. Luego se limpia las zarpas, las deja secar a la brisa nocturna, se da la vuelta y regresa a la atalaya muy lentamente, hundiendo sus botas de fibra sideral en la arena.

La marea sigue creciendo y arrastra los cuerpos de los seres humanos hacia el interior, hacia los dominios de Neptuno, con quien deberán ajustar cuentas.

El candroide se tumba en una hamaca, pide una triglina y enciende un Atómiko. Yo pido otra triglina. Hace una noche maravillosa.

© Nitrofoska


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El candroide justiciero

Sucedió al empezar el ciclo nocturno del asteroide Eunice, en la órbita de Juno. El atardecer era plácido, de tintes pastel y silencio boreal. Yo bebía una triglina recostado en una de las sedosas hamacas que se distribuían por la playa de magnesio.

Unos metros a mi izquierda, un candroide encendía un cigarrillo de la marca Atómiko, de pie, acomodado sobre sus poderosas patas traseras, contemplando el ocaso mientras saboreaba el humo del uranio enriquecido.

Era tanta la tranquilidad de aquel anochecer en Eunice, que ni la Medium  Medusa hubiera podido adivinar esto que va a suceder a continuación.

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Una vieja furgoneta Volkswagen de 2021 aparece rodando sobre la playa. No es frecuente que un vehículo circule sobre el magnesio. Va despacio, dejando una densa nube gris a su paso.

Se detiene a mi altura, como a cien metros frente a la atalaya donde estamos el candroide y yo.

Se abre la puerta lateral de la furgoneta y sale un organismo esquizoide, un humano grande, como de cien kilos de peso, vestido con uniforme de vigilante color caqui, como un carcelero orbital.

Saca una jaula en la que un perro de cuatro patas, de los que ya escasean en la galaxia, ladra enloquecido. Muerde los barrotes. Sus enormes dientes brillan sobre los últimos rayos de sol.

El carcelero pone la jaula delante de la furgoneta, donde los focos encendidos crean un halo incandescente.

Un vehículo se acerca por el otro extremo de la playa. Se trata de una pequeña nave, un platillo despresurizado de fabricación casera que se acerca despacio, acariciando el aire, a pocos centímetros sobre la arena de magnesio. Lleva las luces encendidas, abriendo un pasillo luminoso en el denso crepúsculo. Cuando su haz de luz forma una intersección con el que proyecta la Volkswagen, el platillo se detiene.

A mi lado, el candroide aspira una profuna calada de su cigarrillo marca Atómiko.

Del platillo despresurizado sale un grupo de tres seres humanos, dos hombres y una mujer de raza blanca terrestre. Hablan a gritos en una lengua centroeuropea. La noche cambia de color. Los focos de los vehículos hacen desaparecer la lluvia estelar.

Los humanoides del platillo sacan una jaula con un perro de pelea. El perro ladra frenético en la jaula. Los humanoides bromean entre ellos y lanzan alaridos desafiantes al carcelero. Le dicen que le han puesto dientes de titanio a su perro de pelea, que lo va a triturar al otro.

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El carcelero pone las largas de su furgoneta, la luz invade la playa, el magnesio brilla con sus reflejos metálicos, peligrosos, su reflejo de veneno.

Las dos jaulas, los dos perros, frente a frente, en una pelea que los dejará destrozados de por vida. O tal vez muertos.

El grupo centroeuropeo muestra una bolsa con diamantes de Sudáfrica. El carcelero muestra a su vez su bolsa de diamantes. La apuesta está hecha. El ganador se quedará con todo.

Se abren las dos jaulas. Los perros se tiran uno contra el otro. Ahora sí los veo bien bajo los focos. Son un Pitbull  y un Rottweiler. Tremendos los dos. Fuertes, ágiles, hambrientos, adiestrados para matar. Veo brillar la dentadura de titanio del Pitbull, que ya ha hundido sus dientes en la piel de su rival.

A mi lado, el candroide saca del interior de su cazadora un arma negurítica de doble cañón vacilado, capaz de abatir cualquier tipo de criatura orbital de un solo tiro. El candroide mira su arma, me mira a mí, luego otra vez al arma y luego al frente, donde los dos perros pelean a muerte.

El candroide baja caminando despacio hasta la playa. Cuando se encuentra ya muy cerca de los haces de luz que proyectan los dos vehículos veo que empuña su arma. Los humanos centroeuropeos y el carcelero no le dedican ni una sola mirada, absortos en la pelea. El candroide dispara una vez. El centroeuropeo del bigote cae fulminado sobre la arena de magnesio con una mezcla de asombro e incredulidad pintada en el rostro. Entonces los otros comprenden lo que está pasando y miran al candroide. Pero ya es tarde para ellos, no les da tiempo a echar mano a sus armas. El candroide lanza otros tres disparos. Tres cuerpos humanos más se desploman sobre la metálica alfombra de magnesio.

Los perros siguen peleando, ajenos a lo que está pasando.

El candroide se agacha en la arena. Guarda su arma negurítica de doble cañón vacilado en el interior de su cazadora de cuero, de la que saca una especie de cuchara cromada. Despacio, muy despacio, con ayuda de la cuchara le saca los ojos de sus cuencas al carcelero. Se las arroja a los perros, que pelean ya con menos convicción, extrañados de sentirse tan solos. El candroide va sacando los ojos uno a uno a los cuatro humanos. Les tira a los perros los cuatro pares de ojos. Los perros han dejado de pelear y olfatean los globos oculares, los lamen. El Pitbull se anima a mordisquear uno de ellos. El Rottweiler le sigue. Devoran los ojos.

El candroide se levanta, se acerca a la furgoneta Volkswagen y apaga el motor y las luces. Hace lo mismo con el platillo despresurizado. La oscuridad regresa a la playa de magnesio. Las estrellas vuelven a brillar en el oscuro cielo del asteroide Eunice. Los perros giran en redondo, desconcertados. Empiezan a caminar por la playa, sin rumbo, libres.

El candroide se acerca a la orilla, que está creciendo y se encuentra ya muy cerca de los humanoides muertos. Limpia la cuchara cromada en el agua de mar y la guarda en el bolsillo interior de su cazadora, junto al arma. Luego se limpia las zarpas, las deja secar a la brisa nocturna, se da la vuelta y regresa a la atalaya muy lentamente, hundiendo sus botas de fibra sideral en la arena.

La marea sigue creciendo y arrastra los cuerpos de los seres humanos hacia el interior, hacia los dominios de Neptuno, con quien deberán ajustar cuentas.

El candroide se tumba en una hamaca, pide una triglina y enciende un Atómiko. Yo pido otra triglina. Hace una noche maravillosa.

© Nitrofoska


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domingo, 27 de noviembre de 2016

ISIS en la línea 3

Metro de Madrid. Muchos seres humanos y algún androide en el vagón de la línea 3, la amarilla, como el oro que brilla, como la arena del desierto de Arabia,como la ilusión que contiene la rabia.

En el exterior hace frío. Los seres vivos van con pesados abrigos, algunos con bufanda.

Un hombre sentado frente a mí en el vagón está hablando a media voz, recitando algo en árabe con sílabas entrecortadas. Es joven, un humanoide de unos 30 años. Mira fijamente al suelo mientras pronuncia con determinación y fuerza cada sílaba. Lleva unas brillantes zapatillas deportivas de color negro. Unos pantalones también negros, de un tejido moderno, flexible pero espeso, ceñidos a unas piernas robustas. Una camiseta blanca de algodón se ajusta a un torso musculoso. Sus poderosos bíceps lucen desnudos a pesar del frío exterior.

Click en la imagen para ampliar

A sus pies hay una mochila.

Una mochila llena de cosas.

O una bomba. Igual es una bomba. Con la cara que tiene el tío es lo más probable.

No puedo dejar de mirar alternativamente al árabe y a la mochila. Alternativamente al kamikaze y a la bomba.

Pienso en la explosión, en el ruido que hará ese artefacto del demonio cuando estalle. 

Pienso en todos los seres humanos que van a morir.

Pienso en qué es lo que debo hacer.

Levantarme y salir del vagón y del metro a toda ostia.

Dar la voz de alarma para que todo el mundo salga del vagón y del metro y el árabe se quede a solas con su bomba y le estalle entre los huevos. Si es que los tiene.

Me quedo inmóvil unos minutos, agarrotado; escuchando la violenta letanía del ser humano árabe.

Blablabla Alá bla Alá blabla Alá blablabla Alá Alá.

Sigo paralizado.

Una parada de metro.

Otra parada más.

Mis circuitos motrices hipnotizados por la letanía y el peligro.

En Callao, el árabe  se levanta, coge su mochila y se va.

Me bajo en la siguiente, en plaza de España.

Me cuesta caminar. La tensión me agarrota los circuitos.

Me acerco a la estatua de Don Quijote y Sancho y me siento a su lado.

Unos minutos después me parece escuchar a lo lejos una explosión.

Deben haber sido los chiquillos de mis vecinos chinos, que les gusta la pólvora a rabiar.

ISIS en la línea 3

Metro de Madrid. Muchos seres humanos y algún androide en el vagón de la línea 3, la amarilla, como el oro que brilla, como la arena del desierto de Arabia,como la ilusión que contiene la rabia.

En el exterior hace frío. Los seres vivos van con pesados abrigos, algunos con bufanda.

Un hombre sentado frente a mí en el vagón está hablando a media voz, recitando algo en árabe con sílabas entrecortadas. Es joven, un humanoide de unos 30 años. Mira fijamente al suelo mientras pronuncia con determinación y fuerza cada sílaba. Lleva unas brillantes zapatillas deportivas de color negro. Unos pantalones también negros, de un tejido moderno, flexible pero espeso, ceñidos a unas piernas robustas. Una camiseta blanca de algodón se ajusta a un torso musculoso. Sus poderosos bíceps lucen desnudos a pesar del frío exterior.

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A sus pies hay una mochila.

Una mochila llena de cosas.

O una bomba. Igual es una bomba. Con la cara que tiene el tío es lo más probable.

No puedo dejar de mirar alternativamente al árabe y a la mochila. Alternativamente al kamikaze y a la bomba.

Pienso en la explosión, en el ruido que hará ese artefacto del demonio cuando estalle. 

Pienso en todos los seres humanos que van a morir.

Pienso en qué es lo que debo hacer.

Levantarme y salir del vagón y del metro a toda ostia.

Dar la voz de alarma para que todo el mundo salga del vagón y del metro y el árabe se quede a solas con su bomba y le estalle entre los huevos. Si es que los tiene.

Me quedo inmóvil unos minutos, agarrotado; escuchando la violenta letanía del ser humano árabe.

Blablabla Alá bla Alá blabla Alá blablabla Alá Alá.

Sigo paralizado.

Una parada de metro.

Otra parada más.

Mis circuitos motrices hipnotizados por la letanía y el peligro.

En Callao, el árabe  se levanta, coge su mochila y se va.

Me bajo en la siguiente, en plaza de España.

Me cuesta caminar. La tensión me agarrota los circuitos.

Me acerco a la estatua de Don Quijote y Sancho y me siento a su lado.

Unos minutos después me parece escuchar a lo lejos una explosión.

Deben haber sido los chiquillos de mis vecinos chinos, que les gusta la pólvora a rabiar.

martes, 22 de noviembre de 2016

El prestidigitador de Gumbo

Desde hace unas cuantas lunas terrestres tengo un sueño que se me repite cada noche, al alba. No sé si tengo los circuitos Morfeo sucios de arena por el verano, es posible, pero el caso es que el sueño se repite como un programa rayado.




Estoy en la nebulosa Korkuera, en un teatro muy grande y oscuro, a lo alto, como si estuviera viendo el espectáculo desde un quinto piso. Un prestidigitador de la galaxia Gumbo mueve sus cuatro manos en todas direcciones, lentamente, para luego restallar con un movimiento rápido como un latigazo que hace aparecer ante tus ojos naves interplanetarias imposibles, animales fantásticos o tus propios recuerdos envueltos en luces y aromas planetarios.

El prestidigitador de Gumbo, allí, bajo los 5 pisos, materializa tus sueños, tus deseos o aquellos lugares que marcaron tu vida. Cada criatura orbital ve un espectáculo único y distinto, en eso estriba el particular talento de este mago del espacio.

En un momento del espectáculo empieza a sonar sobre el profundo silencio un bordón sordo y continuo, como la pesada órbita de un planeta gigantesco que se abriera paso en el espacio. La luz se hace de pronto más intensa y poco a poco lo inunda todo… el escenario, el patio de butacas, los palcos, los pliegues del inmenso telón que cuelga desde las almenas… y el rostro alucinado de todas y cada una de las criaturas orbitales que concentran sus circuitos ópticos en las prodigiosas manos del mago de Gumbo.

Es entonces cuando aparece ahí, en una de sus manos desnudas, una galaxia completa, con todos sus sueños y deseos intactos. La imagen me transporta al lugar en el que nací, la nebulosa Simónides, y empieza el viaje.

Pero cuando estoy en lo mejor, me despierto y… ¡hostia!, estoy en un teatro de 5 pisos.

¿Pero esto es un sueño, o es la realidad?

Siempre me pasa igual. Voy a tener que limpiar los circuitos de la arena del verano, bueno, o de cosas peores.

El prestidigitador de Gumbo

Desde hace unas cuantas lunas terrestres tengo un sueño que se me repite cada noche, al alba. No sé si tengo los circuitos Morfeo sucios de arena por el verano, es posible, pero el caso es que el sueño se repite como un programa rayado.




Estoy en la nebulosa Korkuera, en un teatro muy grande y oscuro, a lo alto, como si estuviera viendo el espectáculo desde un quinto piso. Un prestidigitador de la galaxia Gumbo mueve sus cuatro manos en todas direcciones, lentamente, para luego restallar con un movimiento rápido como un latigazo que hace aparecer ante tus ojos naves interplanetarias imposibles, animales fantásticos o tus propios recuerdos envueltos en luces y aromas planetarios.

El prestidigitador de Gumbo, allí, bajo los 5 pisos, materializa tus sueños, tus deseos o aquellos lugares que marcaron tu vida. Cada criatura orbital ve un espectáculo único y distinto, en eso estriba el particular talento de este mago del espacio.

En un momento del espectáculo empieza a sonar sobre el profundo silencio un bordón sordo y continuo, como la pesada órbita de un planeta gigantesco que se abriera paso en el espacio. La luz se hace de pronto más intensa y poco a poco lo inunda todo… el escenario, el patio de butacas, los palcos, los pliegues del inmenso telón que cuelga desde las almenas… y el rostro alucinado de todas y cada una de las criaturas orbitales que concentran sus circuitos ópticos en las prodigiosas manos del mago de Gumbo.

Es entonces cuando aparece ahí, en una de sus manos desnudas, una galaxia completa, con todos sus sueños y deseos intactos. La imagen me transporta al lugar en el que nací, la nebulosa Simónides, y empieza el viaje.

Pero cuando estoy en lo mejor, me despierto y… ¡hostia!, estoy en un teatro de 5 pisos.

¿Pero esto es un sueño, o es la realidad?

Siempre me pasa igual. Voy a tener que limpiar los circuitos de la arena del verano, bueno, o de cosas peores.

viernes, 11 de noviembre de 2016

GAFE

Anoche llegó a la nebulosa un extranjero. Era un organismo raíz, un extraño ser de más allá de la frontera sideral. Cenó con nosotros y nos embarcamos en una interesante charla sobre los recientes sucesos de la Galaxia. A pesar de las dificultades idiomáticas nos entendíamos bastante bien en hispanglés orbital. Pero llegó un momento en que apareció la palabra “gafe”. Intenté explicársela con sus sinónimos “aguafiestas” o “cenizo”, pero el organismo raíz no caía. Entonces Carlos el Dibu le hizo este giff que les comparto, amados seres humanos. Le dice Carlos al organismo raíz, con su afilada voz de plumilla y tinta china: “Un gafe es un ser al que le pasa esto.” Y ahí entendió.

 Click en la imagen para ver el GIFF completo

GAFE

Anoche llegó a la nebulosa un extranjero. Era un organismo raíz, un extraño ser de más allá de la frontera sideral. Cenó con nosotros y nos embarcamos en una interesante charla sobre los recientes sucesos de la Galaxia. A pesar de las dificultades idiomáticas nos entendíamos bastante bien en hispanglés orbital. Pero llegó un momento en que apareció la palabra “gafe”. Intenté explicársela con sus sinónimos “aguafiestas” o “cenizo”, pero el organismo raíz no caía. Entonces Carlos el Dibu le hizo este giff que les comparto, amados seres humanos. Le dice Carlos al organismo raíz, con su afilada voz de plumilla y tinta china: “Un gafe es un ser al que le pasa esto.” Y ahí entendió.

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domingo, 6 de noviembre de 2016

El satélite Nitrofoska-Olano

Hace algunos años me encerré con el profesor Arturo Ponce en un garaje de la nebulosa Iggy. Pretendíamos crear un satélite capaz de transmitir el conocimiento androide a través de la galaxia. El proyecto quedó en suspenso por la grave enfermedad que atacó de improviso al Doctor Ponce, experto en comunicaciones interestelares.

Imagen: Kristina Olano KRISPO
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Para lleva a cabo nuestro proyecto, el profesor Ponce y yo compramos la carcasa de un antiguo satélite soviético, al que quisimos dotar de nueva tecnología desconocida aún en la órbita humanoide.

Mi nivel de felicidad se vio muy afectado por la enfermedad del doctor y la interrupción de nuestro proyecto.

Pero cuál ha sido mi sorpresa al ver que el asteroide Nitrofoska está por fin en órbita. Al parecer el organismo avanzado Olano ha trabajado en la sombra sobre el proyecto que empezamos el profesor Ponce y yo… y ha conseguido ponerlo en órbita. 
Increíble. 
La felicidad anida de nuevo en mis circuitos. 
El profesor Arturo Ponce sonríe desde su cápsula sanadora en Orión. 
La galaxia es hoy un lugar un poco más hermoso.

El satélite Nitrofoska-Olano

Hace algunos años me encerré con el profesor Arturo Ponce en un garaje de la nebulosa Iggy. Pretendíamos crear un satélite capaz de transmitir el conocimiento androide a través de la galaxia. El proyecto quedó en suspenso por la grave enfermedad que atacó de improviso al Doctor Ponce, experto en comunicaciones interestelares.

Imagen: Kristina Olano KRISPO
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Para lleva a cabo nuestro proyecto, el profesor Ponce y yo compramos la carcasa de un antiguo satélite soviético, al que quisimos dotar de nueva tecnología desconocida aún en la órbita humanoide.

Mi nivel de felicidad se vio muy afectado por la enfermedad del doctor y la interrupción de nuestro proyecto.

Pero cuál ha sido mi sorpresa al ver que el asteroide Nitrofoska está por fin en órbita. Al parecer el organismo avanzado Olano ha trabajado en la sombra sobre el proyecto que empezamos el profesor Ponce y yo… y ha conseguido ponerlo en órbita. 
Increíble. 
La felicidad anida de nuevo en mis circuitos. 
El profesor Arturo Ponce sonríe desde su cápsula sanadora en Orión. 
La galaxia es hoy un lugar un poco más hermoso.

jueves, 3 de noviembre de 2016

La campaña electoral 2020 ha dado comienzo

Hola Amados seres humanos. La campaña electoral que nos llevará a la presidencia de la Galaxia en 2020 ha dado comienzo. Desde la órbita Galicia nos llegan los carteles diseñados por Phaxe Solstice.

NITROFOSKA>> Androides con un elevado sentido de la responsabilidad y del equilibrio social.

NITROFOSKA>> Androides con propuestas financieras prósperas, ágiles y sostenibles.

NITROFOSKA>> Androides cuya moral, religión y sentido común es el de toda la Humanidad.

NITROFOSKA>> Androides con un programa político doméstico y sideral. Un programa electoral que nace pensando en tu hogar sin olvidar a las estrellas que te calientan e iluminan.

Vota NITROFOSKA, tus androides.

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La campaña electoral 2020 ha dado comienzo

Hola Amados seres humanos. La campaña electoral que nos llevará a la presidencia de la Galaxia en 2020 ha dado comienzo. Desde la órbita Galicia nos llegan los carteles diseñados por Phaxe Solstice.

NITROFOSKA>> Androides con un elevado sentido de la responsabilidad y del equilibrio social.

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NITROFOSKA>> Androides cuya moral, religión y sentido común es el de toda la Humanidad.

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